lunes, 25 de julio de 2011

David Hamelej

David nació en Bet-Lejem en la tierra de Iehudá -Judea- (en el año 2854 luego de la Creación -906 antes de la Era Común)

David pertenecía a la familia real de su tribu, que dio a Israel muchos príncipes y líderes.

El bisabuelo de David, Boaz, fue el décimo Juez de Israel.

No fue como el gran guerrero o el poderoso monarca que David ganó el eterno cariño de nuestro pueblo, y de todos los pueblos de la Tierra, sino como autor del Libro de los Salmos (Tehilim) "Poesía Más Dulce de Israel".

El Rey David continuó el aprendizaje tradicional de la Torá, siendo el sucesor espiritual del profeta Shmuel -Samuel-. Se rodeó de un grupo de profetas y sabios, y juntos estudiaron la Torá. No se preocupó de los placeres de la vida y el confort que su palacio real le brindaba y, a diferencia de otros reyes, se levantaba antes de la salida del sol para orar y cantar salmos de alabanza a Dios, el Rey de los Reyes.

Los Salmos son himnos de alabanza al Dios. Hablan de la grandeza de Dios, Su bondad y misericordia; Su poder de justicia. David derrama todo el contenido de su corazón en estos Salmos y da fe de su sincera y pura confianza depositada únicamente en Dios.

Muchos de los Salmos son oraciones y súplicas a Dios que el Rey David decía en tiempos de peligro.

Algunos contienen buenos consejos, mostrando el verdadero camino de la felicidad a través de la virtud y el cumplimiento de los mandamientos de Dios.

De esta manera, los Salmos reflejan con asombrosa exactitud todos los Su reino duró cuarenta años (2884-2924); los primeros siete años reinó en Hebrón sobre la tribu de Judea y los restantes treinta y tres reinó en Jerusalem sobre todo Israel.

Durante seis meses, sin embargo, estuvo exiliado por la rebelión de su hijo, Abshalóm.

Verdaderamente, a través de la historia de David, su exilio y persecución, sus luchas y eventual triunfo, el pueblo judío, colectiva e individualmente puede encontrar un ejemplo y una profecía de su propia vida. No es de extrañar que el Libro de los Salmos ha servido, pues, a través de las edades y hasta el día de hoy, como fuente infinita de inspiración, coraje y esperanza.

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